¿Nos estamos secando? | WWF

¿Nos estamos secando?

Posted on
17 junio 2020
Según las estimaciones de la ONU, para 2025 unos 1.800 millones de personas sufrirán una escasez absoluta de agua, y dos tercios del mundo vivirán en condiciones de escasez de este recurso.

El panorama no se ve alentador, y a nivel nacional tampoco es mejor, ya que Chile atraviesa una megasequía que ya completa una década y que se explica en un 25% por el cambio climático.

Todos estos son datos a tener en cuenta, sobre todo hoy que se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha en la que WWF Chile te invita a reflexionar sobre este problemática.

La desertificación, en concreto, es la degradación de la tierra en zonas áridas o semiáridas, como resultado de diversos factores, incluidas las variaciones climáticas y las actividades humanas. La desertificación se debe a la vulnerabilidad de los sistemas en las zonas secas frente a la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra.

La sequía, por su parte, es una amenaza natural y compleja, que invade lentamente nuestro sistema socio-económico y ambiental, con impactos significativos y extensos, causando más muertes y desplazando a más personas que ningún otro desastre natural.

A nivel nacional, la megasequía que golpea al país –principalmente a su zona central- ha causado una disminución sistemática en las reservas de agua en el suelo y las napas freáticas, lo que se refleja en un déficit de los caudales de ríos y afluentes que para Coquimbo y Valparaíso, por ejemplo, llega al 70%. Un menor volumen de agua significa también un menor volumen de nutrientes que llegan al mar, lo que afecta negativamente al crecimiento de fitoplancton, alimento base de peces de la costa chilena, un sector económico importante a nivel nacional.

Sequías prolongadas combinadas con eventos climáticos extremos como las olas de calor y una gran acumulación de combustible, han propiciado un aumento de la superficie quemada por incendios forestales, lo que quedó patente en la catastrófica temporada 2016-2017, donde más de 600 mil hectáreas fueron consumidas por el fuego, arrasando con poblados completos y causando la muerte de 11 personas. Asimismo, el número de decretos de escasez hídrica (19 vigentes, más de 130 declarados desde 2019) y de zonas de emergencia agrícola se han disparado, donde los más afectados son las miles de familias de comunidades campesinas como los productores caprinos, apicultores y pequeños agricultores, quienes han visto graves impactos en sus fuentes de trabajo.

Finalmente, gastos asociados a la sequía, como los camiones aljibe, aumentaron de $490 millones el 2010 a $34mil millones el 2015.
 
¿Qué podemos hacer?
El tiempo corre en contra a la hora de enfrentar los desafíos de la crisis hídrica, cuya solución de fondo pasa por acciones a largo plazo, como la reducción de emisiones para evitar que se incremente la temperatura global. A ellos se suma la restauración de bosque nativo, para reducir el impacto del cambio climático y aportar a la disponibilidad de agua, así como también restaurar suelos y paisajes degradados para mejorar la estabilización del suelo y la disminución del escurrimiento de agua en zonas de pendientes, lo que aumenta la erosión.

En lo más cercano, es clave abrir una discusión en torno a la gobernanza de los recursos hídricos, así como desarrollar un programa de trabajo con un enfoque transversal y multidisciplinario, que incluya tomadores de decisión, personal científico y técnico, además de pobladores locales, para abordar la desertificación.

Ahora, en casa es clave tomar conciencia sobre el consumo cotidiano de agua, y como ciudadanos y ciudadanas podemos contactar a nuestros representantes parlamentarios para revisar la legislación actual relativa al agua.

Asimismo, es importante educarse sobre producción y consumo sostenibles, prefiriendo productos locales, y apoyar y promover iniciativas de restauración de suelos, bosques y paisajes, para mejorar la retención de agua en el suelo.
 
 
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