BBNJ: Altas expectativas en alta mar

Posted on febrero, 05 2026

Por Yacqueline Montecinos, coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile.

 

El 70 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por océanos, de ese porcentaje, alrededor del 60 % corresponde a la altamar, esa vasta porción oceánica que no pertenece a nadie, pero es un bien común para todos. Esa inmensa porción de océano también es hogar de una innumerable cantidad de especies, incluso de algunas que aún están a la espera de ser descubiertas, varias altamente migratorias, que pasan gran parte de su vida moviéndose entre sus áreas de alimentación y reproducción, y que por lo mismo se enfrentan a los efectos que generan las distintas actividades humanas que en esas porciones oceánicas se desarrollan.

Es en este contexto que la entrada en vigencia del Tratado de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad Marina más allá de las Jurisdicciones Nacionales (BBNJ, por sus siglas en inglés), conocido más simplemente como Tratado de Alta Mar, es un hito histórico. Ya con más de 80 países que lo han ratificado, sin duda, no se trata de un trámite diplomático más: hablamos de un verdadero punto de inflexión.

Por ejemplo, si pensamos en esa población única de ballenas azules, del animal más grande sobre nuestro planeta y que se encuentra en peligro de extinción. Una población que se mueve casi exclusivamente entre las aguas del Golfo de Corcovado en el sur de Chile, en donde localiza su área de alimentación, y las aguas alrededor del archipiélago de Galápagos, en donde se reproduce. Una población única que no sigue la ruta de migración tradicional hasta las aguas del continente antártico, y que, además, tiene un canto o vocalización única en el mundo. Una población que pasa casi seis meses al año navegando por aguas tanto nacionales como internacionales, sin saber de fronteras entre los países y que necesita medidas de manejo y conservación coordinadas para asegurar su sobrevivencia en la porción de alta mar, que es parte de su ruta migratoria y que es clave para que estos individuos puedan navegar entre sus hábitats críticos.

Pensando en estas especies, el rol ecológico que estas juegan como fertilizadoras de nuestros océanos y que por lo mismo necesitamos asegurar su conservación y aumentar su tamaño poblacional, es que el Tratado de Alta Mar es crucial para establecer una hoy inexistente y tan esperada gobernanza en esta basta porción del océano, y que es clave para la sobrevivencia de especies altamente migratorias. Ahora que contamos con el tratado BBNJ, los Estados cuentan con la posibilidad de coordinarse en el uso de este espacio mediante el establecimiento de mecanismos de manejo basados en áreas, como las Áreas Marinas Protegidas (AMP); asimismo, se habilita la creación de instrumentos de evaluación de impacto ambiental, la cooperación para compartir de manera equitativa los beneficios de los recursos genéticos y, además, el trabajo conjunto en mecanismos financieros que permitan apalancar recursos para la implementación efectiva de este tratado.

Y lo mejor de todo, es que, si bien este tratado global abre la opción de trabajar de manera coordinada entre los Estados, para establecer una gobernanza en esta parte marina del planeta, también estipula cómo hacerlo de manera coordinada y sin pasar a llevar otros tratados internacionales que también juegan un importante rol respecto del uso de nuestros recursos marinos en otras escalas y esferas. Por ende, pasa a ser la herramienta ideal para mirar hacia el océano más allá de las jurisdicciones nacionales, más allá del horizonte que estamos acostumbrados a mirar; más allá, en esa porción marina en donde hay tanta vida que necesita de medidas integradas y coordinadas para asegurar que este espacio sea un bien común y vivo para toda la humanidad.

La urgencia es evidente. Apenas el 1 % de la alta mar cuenta hoy con algún tipo de protección, pese a su rol crítico: sustenta pesquerías, regula el clima —absorbiendo un 23% de las emisiones humanas de carbono en la última década— y alberga cientos de miles de especies. Sin regulación, las aguas internacionales han sido blanco de pesquerías industriales subsidiadas que degradan ecosistemas enteros al operar de manera insustentable.

En este sentido, es importante celebrar también el rol de países que han sido líderes en promover este tratado, en donde Chile y su liderazgo en la promoción de políticas oceánicas ha dado un claro ejemplo de cómo alcanzar buenos acuerdos de manera coordinada e integrada, promoviendo fuerte colaboración con otros países que también ven el valor que tiene este acuerdo. Ya son más de 80 los que han ratificado BBNJ y esperamos que la lista siga ampliándose.

Como país de fuerte vocación oceánica, no debemos permitirnos perder ese liderazgo, posicionamiento e ímpetu que nos ha caracterizado como territorio que mira y vive del mar. Sobre todo, porque el océano, que cubre más del 70 % del planeta, ha esperado demasiado tiempo. Ahora, con este tratado histórico, la humanidad tiene la oportunidad —y la obligación— de saldar esa deuda.

 

 

Las aguas de alta mar son un bien común de la humanidad que es necesario proteger.
© VDOS Global / WWF Canada
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