Dominga Huichalaf, una pescadora que deja huella en la costa de Valdivia | WWF

Dominga Huichalaf, una pescadora que deja huella en la costa de Valdivia

Posted on
26 febrero 2018

 La de Dominga es una historia de esfuerzo ligada al mar y a una tradición familiar que ha sabido mantener en sus emprendimientos “Ahumados    Amuillan” y el restaurante “La Minga”. Hoy como ganadora del concurso Mujer pescadora emprende, nos abre las puertas de su intimidad.

Sobre una casa de dos pisos, un letrero expone: “Restaurante La Minga, sabores del mar”. Detrás de la puerta aparece la señora Dominga Huichalaf con un vestido que deja ver sus pantorrillas, zapatos abiertos y un gorro sanitario en la cabeza.  

  – Pase – indica, mientras termina de trapear la entrada.

 Dominga Huichalaf, pescadora artesanal



















Siempre acompañé a mi papá a pescar

Nosotros vivíamos en Osorno, allá mi papá era pescador, yo pescaba con él desde bien chica, bueno, en realidad era más ayudarlo. Toda mi familia es pescadora pero fue con mi papá con quien más aprendí. No le iba tan bien, así que decidió cambiarse a Valdivia, en ese tiempo yo tenía 17 años, ya estaba casada y embarazada de mi hija mayor, pero era tan apegada a mi papá que decidí venirme con él y bueno, mi esposo también.
 
Trabajo independiente
Comencé a dedicarme de lleno a la pesca por necesidad, cuando quedé viuda en el 2006. Era un trabajo que sabía hacer y me convenía hacerlo de forma independiente para poder estar más tiempo con mis tres hijas, que en ese tiempo eran chicas.

El Mirta Elena III

Mi embarcación se llama así en memoria de mi mamá que falleció, el mío es el Mirta Elena Tercero y mi papá tenía el I y el II, ahora sólo tiene el primero porque el segundo lo vendió.

Bote Mirta Elena


















La familia y el negocio

Trabajamos todos juntos, somos bien unidos. Mi hija menor me acompaña en el restaurante mientras cuida a la Elise, mi nieta de dos años; su marido es ahora el encargado de salir a pescar. Después de ganar el premio ha llegado más gente a mi negocio, entonces se me hace difícil salir a pescar yo sola, es más el trabajo que hay que hacer ahora.

Mi hija del medio atiende el almacén y el negocio de los ahumados y mi hija mayor vive en Valdivia y trabaja allá pero me ayuda con todo el tema de los papeleos, ella es la que se encarga de que todo funcione en orden. Además vivimos todos muy cerca, en el mismo sitio pero en distintas casas, hasta mi papá.

Dominga huichalaf y pescados 


















Los ahumados Amuillan


Después de quedar viuda me di cuenta de que era sacrificado el trabajo de pescar en comparación a lo que ganaba, a veces salía a las cinco de la mañana y volvía a las cinco de la tarde, traía reinetas y robalos, los pescados de la zona, pero a veces cuando tenía suerte podía pescar algún salmón.Luego de eso, durante un año, llevaba mis pescados a los restaurantes y los vendía pero cada vez me pagaban menos y, por lo mismo,  tenía que trabajar más. Me acuerdo que cuando me pagaban bien, recibía $500 por sierra y cuando las cosas estaban malas me llegaron a dar $50 por cada  una, entonces tenía que pescar como 200 para tener plata para la casa. A veces me ponía en la carretera a vender, armaba un puestecito con una mesa y ponía todos mis pescados, a mil la sierra, la gente pensaba que estaban pasadas y por eso estaban más baratas, yo tenía que explicarles que era porque las pescaba yo misma.

Un día se me ocurrió armar un negocio de ahumados, así podía coordinar mis tiempos y cuidar a mis hijas. No sabía cómo se hacía, aprendí sola preguntándoles a algunos conocidos. Más adelante, cuando ya tenía mi clientela, empecé a envasar los pescados para que se vieran más formales y me resultó bien porque ahora hago entregas además de a negocios de la zona, a algunos de Santiago. Incluso hay gente que me pide que le envíe los ahumados por correo, me dicen que los probaron cuando andaban de vacaciones y quieren seguir comiendo.
 
Restaurante La Minga



















Mi mamá siempre ha sido cariñosa y empeñosa  (Katherine, hija de Dominga)
 
Me gusta que mi mamá haya salido adelante por nosotras, creo que no cualquier mujer en su posición hubiese podido. Valoro todo su esfuerzo, mi mamá pasó de tener una casita chiquitita, quizás pobre, a tener todo esto (mostrando el restaurante, el negocio y la casa). Con mi mamá nunca hemos tenido problemas, mis hermanas tampoco, ella es muy buena mamá, además como trabajamos todas juntas, ya nos sabemos todas las mañas.

75 años y sigo joven (papá de Dominga)

¡Mire, justo viene llegando mi papá! Comenta la señora Dominga mientras abre la puerta y abraza a un hombre de cabeza gris, vestido con jeans, camisa y un chaleco. – Hace frío afuera, me tuve que abrigar- dice, mientras estrecha mi mano.

-Disculpe caballero ¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Cuántos años tiene?

Me imaginé que era eso (responde entre risas) no es la primera vez que me preguntan. El otro día fui a sacar mi permiso (certificación de pesca artesanal) y un marino me preguntó la edad, me asusté tanto porque unos compañeros me dijeron que cuando uno es muy viejo no lo renuevan. 75, le dije. El miró a un jubilado (ex comandante) y le dijo “mira como está el caballero y tú no te podí ni el cuerpo”. Y claro, el caballero tenía 55 y andaba cojeando y caminando agachadito. Al final igual me dieron mi permiso.

Un letrero afuera del almacén expone no hay ahumados”.

­– Todos se los llevaron ayer– dice la señora Dominga, mientras abre el horno para ver cuánto les falta a los cerca de 20 pescados que puso a las seis de la mañana, mientras añade: “yo creo que con seguridad ya están para mañana, porque todavía tengo que dejar que se enfríen y envasarlos”.

Por la puerta, atraviesa el primer comensal.
 
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